jueves, 5 de julio de 2007

“A corazón abierto” / Editorial Sudamericana, 2002




por André Jouffé


En la antología de Juan Pablo Sutherland, “A corazón abierto”,

se pueden obtener más detalles sobre los personajes homosexuales en la novela chilena


“HACIA UNA REALIDAD gay en Chile” es una investigación que estuvo un año en internet y sirvió de algo para que mi alumna Lili Marlene Sembler Villagra hiciera su tesis de grado sobre el tema relacionado con las minorías sexuales y la creación de los medios alternativos de comunicación.

Me tocó ser profesor guía de esta joven que además estudia Derecho; las dos carreras en la Universidad San Sebastián. Enrique Billard estudió Literatura en Chile y en París obtuvo un master en Estudios Latinoamericanos. Asimismo, gracias a un contrato con la Universidad de La Sorbonne, hizo su Doctorado sobre la literatura que aborda la homosexualidad en América Latina y es profesor de la Université de Paris.

- ¿Cómo llegó a esta idea de hacer esta tesis titulada "La masculinidad alternativa en la literatura latinoamericana”?

El día que obtuve mi master en la Sorbona mi director de investigación me preguntó si iba a continuar con el doctorado y, en caso afirmativo, cuál iba a ser el tema de la tesis. Una vez que obtuve la autorización de la universidad comencé a realizar intercambios con profesores de literatura en España, Estados Unidos y Australia. La idea de abordar la homosexualidad comenzó durante la redacción de mi memoria de master. En ella, traté un tema que la critica no había abordado en profundidad: los personajes masculinos en la obra de María Luisa Bombal.

- ¿Qué lo motivó a estudiar la masculinidad en la narrativa de María Luisa Bombal?

Estudiar lo masculino en su obra tenía un gran atractivo para mí, pues su vida estuvo marcada por al menos dos relaciones muy intensas: se casó en Buenos Aires con el pintor argentino Jorge Larco, conociendo de antemano la orientación sexual de éste. Fue un matrimonio "arreglado" entre dos seres que necesitaban compañía y afecto. María Luisa no toleró las infidelidades de su marido, más por celos que porque sus rivales fuesen hombres. Finalmente, la relación terminó al ser presentada una demanda de divorcio. Otra relación de gran intensidad fue la que tuvo con Eulogio Sánchez. Éste sedujo a la Bombal, pero nunca quiso casarse con ella. El romance culminó con un disparo sobre el ingrato amante. Es probable que este hecho haya contribuido a que no se le haya dado el Premio Nacional de Literatura.

Hay un cuento largo en su obra llamado "El árbol", publicado en 1939, que la critica ha abordado como la historia de la frustración de una niña de dieciocho años que se ve enfrentada a una relación con un hombre mayor, canoso y avejentado. Dicho en blanco y negro, el matrimonio no se había consumado porque Luis ya no contaba con la potencia necesaria para cumplir con sus deberes conyugales. Pero la causa de la frustración es, a mi modo de ver, más compleja aún. Hay en el cuento un pasaje donde Brígida le pregunta a su marido: "¿qué te dijo tu madre cuando te comenzaron a salir canas a los quince años? Es decir, el marido no es un anciano, sino un hombre maduro, al cual las canas le llegaron más temprano de lo usual. Aquí hay un elemento que, salvo desconocimiento de mi parte, nadie había analizado.

Este cuento fue escrito apenas dos años después de la ruptura con Jorge Larco. En él se expresa la frustración de una mujer cuyo marido se muestra indiferente sexualmente. No debe haber sido nada fácil para una "niña bien" de los años treinta, educada en las monjas de la Inmaculada Concepción o en las Monjas Inglesas, el tener más que un marido, un hermano o un amigo en la cama. Las religiosas educaban a sus pupilas para ser buenas esposas, abnegadas madres y católicas comprometidas, pero en modo alguno las preparaban para ser mujeres. ¿Qué hacer con un marido homosexual? Difícil situación en aquel entonces, e incluso hoy en día.

Trabajo en el tema de "La masculinidad alternativa"; vale decir, en la masculinidad del hombre homosexual en la literatura, porque deseo hacer una contribución a los estudios literarios y a la comprensión de la homosexualidad.

- ¿Ha incluido autores chilenos en su estudio?

Sí, a varios. A Augusto D'Halmar, con su audaz "Pasión y muerte del cura Deusto", publicada en España en 1924. A José Donoso, por su increíble novela "El lugar sin límites". A Enrique Lafourcade con sus obras "Pena de muerte" y "Para subir al cielo", ambas de los años cincuenta. Y a Mauricio Wacquez por "Toda la luz del medio día", "Frente a un hombre armado" y "Epifanía de una sombra". Esta última, finalizada poco antes de morir en Calaceite, España. Incluyo, igualmente, a Carlos Iturra por su libro de cuentos "Paisaje masculino", a Ramón Griffero, por su colección de relatos "Soy de la Plaza Italia" y, por supuesto, he analizado las excelentes crónicas de Pedro Lemebel. También he estudiado a los integrantes de la nueva generación, entre los cuales destacan, entre otros, Juan Pablo Sutherland y Pablo Simonetti.

- ¿Me quiere usted decir que en los años veinte un chileno publicó una novela de temática homosexual?

Sí, en efecto, pero como ya le señalé no se publicó en Chile, sino en España. Sin embargo, tiempo después, durante los años treinta, D'Halmar pudo publicar su novela. Igual suerte tuvieron otros dos textos de temática homosexual, uno perteneciente a un peruano y otro a un cubano. Un caso que sorprende, por la audacia del tema, es la novela "Duque", del escritor peruano José Diez Canseco, escrita en el Perú en1928 y publicada en Santiago en 1934. En cuanto a la novela cubana, "El ángel de Sodoma", del autor Alfonso Hernández Cata, fue publicada en Valparaíso en 1930.

Al parecer, en el Chile de los treinta, había algún margen de apertura que permitía abordar la homosexualidad. Paralelamente, París, Berlín y Londres vivían uno de los periodos de mayor apertura y tolerancia. Este dato, y el que estas dos novelas hayan sido publicadas en Chile y no en sus países de origen, da para hacer un trabajo de investigación. En la antología de Juan Pablo Sutherland, “A corazón abierto”, se pueden obtener más detalles sobre los personajes homosexuales en la literatura chilena.

Orgullo Gay / Natalia Figueroa


Orgullo gay

por Natalia Figueroa

A corazón abierto. Geografía literaria de la homosexualidad en Chile.

Juan Pablo Sutherland (compilador)
Editorial Sudamericana, 2002.
302 páginas.



LA HOMOSEXUALIDAD ES MATERIA que muchos autores han tratado abiertamente. Lamentablemente estos textos han caído en una suerte de ocultamiento que no responde a factores cualitativos. Su relego es causal: argumentos conservadores los discriminan por diferentes, en su divergencia incompatibles, anti-ejemplos de generaciones actuales y venideras. Ante tales manifestaciones la crítica ha callado o manipulado las obras generando nuevas lecturas: cualquier tendencia underground nunca sale del subsuelo. Contra este encubrimiento responde A corazón abierto, antología que reúne 31 textos para mostrar una parte de la historia que sí ha existido y que debiera ser reivindicada.

Poemas, epístolas, cuentos y fragmentos de obras narrativas invitan a desmitificar lo homosexual como forma válida -y no corrupta o pervertida- de vivir. La selección de Sutherland no desdeña lo tierno, erótico o trivial. Su apuesta es la franqueza, planteada ya por Pedro Lemebel, su primer acierto: "No necesito disfraz/ Aquí está mi cara/ Hablo por mi diferencia/ Defiendo lo que soy/ y no soy tan raro" (Manifiesto (hablo por mi diferencia). Esta disimilitud será planteada en todos sus aspectos: desde el niño discriminado por su cabello largo ("Niño de Lluvia", Benjamín Subercaseaux) hasta la tragicómica historia del amanerado que trae mala suerte a los demás ("La mala ventura de Nanito Velásquez", Edesio Alvarado), entre otros. Pero lo fundamental es la imposibilidad de apertura, manifestada como angustia, dolor y carencia en los personajes, algunos ebrios, otros sedientos, la mayoría desgarrados "ya contemplaba en los espejos aquella imagen que hubiera dado cualquier cosa por que fuera la de otro. Tuve compasión de mí mismo y solté las lágrimas que se agolpaban en mis ojos. Tener lástima de sí pareciera ser el más bajo de los sentimientos, pero en ese momento fue mi único desahogo" ("Santa Lucía", Pablo Simonetti). A corazón abiertono es una defensa del homosexual, sino una especie de manifiesto de él. Por esto, el destinatario ideal del texto es fundamentalmente el heterosexual, a quien un poco de atención.

La ordenación del material no es jerárquica; sí progresiva. Los extractos que Sutherland ha elegido construyen un testimonio que va más allá de las historias particulares de cada autor antologado, pues cada historia encierra dos estados comunes: la diferencia para unos y la igualdad para otros, los protagonistas de estas historias. "Por cierto que Caroll era un hombre… ¿no?-gritó, intentando hacerse oír" ("La mujer de sal", María Elena Gertner) Pero si Caroll fuese mujer ¿cambiaría la historia?

Al lector prejuiciado le sorprenderá encontrar a autores como Augusto D'Halmar o Marta Brunet. Su aparición prueba que la antología es de obras, no de autores; y también viene a recalcar el papel selectivo de la crítica. En un principio, Gabriela Mistral y Enrique Lafourcade integrarían A corazón abierto. La inclusión de la primera fue rechazada por su círculo serio de fans alegando "el daño a la vida y obra debido a la existencia de otras perspectivas críticas y de lecturas" (nótese que su principal defensor fue Jaime Quezada, autor de buenos poemas homosexuales). Pues bien, alega Sutherland "si se aplicara este criterio a todo este trabajo antológico, no podríamos leer la mayoría de los textos reunidos. Con respecto a Lafourcade, su negativa rotunda provoca el ambiguo comentario del compilador acerca de "visiones culturales conservadores que, negándose a sí mismas, construyen otro territorio que refleja la propia homofobia interna"

Como paradigma del enfrentamiento entre la vida pública y privada, Sutherland escoge dos cartas reveladoras del carácter de Hernán Díaz Arrieta (Alone) y fragmentos del Diario Íntimo de Luis Oyarzún que responden al llamado "acto discursivo del encubrimiento de un silencio". Lo importante de estas inserciones es su autenticidad, su subjetividad íntima que da cuenta, paralelamente a cualquier relato de ficción verosímil, de una verdad intrínseca y sin destinatario.

La selección de Sutherland es tan precisa que parece imposible leerlo y prejuiciar. Su apuesta es certera. A corazón abierto es un libro que acuciosamente espera ser leído y comprendido, apela a lo humano más profundo, aquella necesidad de unión con el otro que la misma sociedad le ha apartado y con el homosexual mismo, oculto y desvanecido en la historia. Un buen libro que infunde relectura, avidez, comprensión y un necesario replanteo que comienza desde nuevos horizontes de lectura, hasta una percepción de lo personal, cotidiano y nacional.

Natalia Figueroa
nataliafigueroa@hotmail.com

“El Cofre: La extraña tonalidad del lenguaje tránsfuga”

Cofre : Caja resistente de metal o madera
con tapa y cerradura para guardar objetos de valor.

Definición extraida de la RAE

La primera constatación es que la literatura no es aquel hecho bruto del lenguaje que se deja a poco penetrar por la pregunta sutil y secundaria de su esencia y su derecho a existencia. La literatura en sí misma, es una distancia socabada en el interior del lenguaje, una distancia recorrida sin cesar y nunca realmente franqueada.
Lenguaje y Literatura
Michel Foucault

1. La densidad del lenguaje:
Eugenia Prado es una voz y una estrategia, un cuerpo de citas que no refiere a un lugar sino a una multiplicidad de sentidos, gestualidades y alumbramientos. Desde este texto inaugural, El Cofre, pasando por Cierta Femenina Oscuridad, hasta Lóbulo, su última novela, percibimos la constitución de una propuesta que no esquiva su densidad, sino que re-archiva los efectos de la luz tenue en la fotografía afilada de la realidad que construye. Eugenia Prado es una escritora de zonas, de imaginarios no disciplinados en la actualidad narrativa. Su gesto se dispone a indisponer, a molestar desde su dificultad, desalojando el recurso lector subordinado y obviamente traducible, a un lector-vigilado y atrapado en sus mundos lacerantes. La política escritural de Eugenia Prado es, entonces, un desarmarse en la agresión de la totalidad. Sus desplazamientos registran una interrogación constante, donde la yuxtaposición de estructuras configura un palimpsesto de hablas y lenguajes, de superficies y fracturas que, finalmente, nos demuestran la transparencia de zonas no codificadas y poco habituales en nuestra literatura.

2. El habla como rito:
La productividad del rito, en tanto lengua que desafía al logocentrismo escritural del hombre, es el habla que se hace extranjera en la propia tierra. Prado re-significa en El Cofre su mirada anoréxica para el discurso político de su contexto, señalado claramente como fuga al discurso militante y a la carga omnipresente de la dictadura a finales de los ochenta. Escritura que gestualiza el rito del habla, oponiendo cuerpos disidentes al mandato social de las convenciones sexuales versus la racionalidad- lineal de una práctica política. El Habla como rito es, en El Cofre, una señal de autismo genérico disolviendo las oposiciones binarias de lo masculino y femenino, en tanto discurso público de un "mundo privado" y despolitizado. Prado realiza la operación quirúrgica que ha diseñado el feminismo desde sus saberes, es decir, politiza el cuerpo en tanto disidencia, politiza el habla-saber de un estigma y disuelve a la Polis.

3. La disolución de los géneros
Atentar contra el orden simbólico, invadir las cárceles significantes del andamiaje masculino y femenino, parodiar la escena corporal de la voz masculina en tanto asedio, forman parte del dispositivo utilizado por Prado en su secuencia cotidiana de la re-creación de voces. " ¿Será acaso en calco mala copia de ese hombre? O es que hubo deseado serle en parecido en aquello de placer, tantos como cuantos quisiera y martirizarlo siendo doblemente pecadora, hija, y hembra igualmente perversa" (Pag-13). Así, la pregunta es el formateo sistemático de un desalojo, de un saqueo al simbólico orden, de la ley del padre. Prado enfrenta la erosión de los géneros a través de un movimiento múltiple: delirar, tras-tocar, dis-locar, tensionando el rígido mapa racional y posibilitando otras lecturas, otros sentidos de permanecer, de gestualizar la propia soberanía.

4. La impostura de la voz como recurso.
Impostura: (Definición de la RAE), Imputación falsa y maliciosa. Fingimiento o engaño con apariencia de verdad. Según esta definición, el recurso de la voz arma una nueva estrategia: Negar la apelación de la verdad en el juego perverso de los lugares, El padre, la hija, la niña, la mujer, como voces que expulsan la verdad, o verifican el espejeo de sus erotismos, de sus convenciones sociales en los otros.

5. El cuerpo como carencia.
La constitución de saberes en El Cofre pasa por el establecimiento precario de usos corporales donde el deseo habita en la carencia. "No hay vergüenza, no descontento al morboso placer que deja la tibieza del cuerpo ya vaciado, más bien asco reconocido el intermediario, asumiendo aquel estado de interferencia" ( pág.85). Así, logramos resentir las sensaciones, re-mirar el movimiento corporal que se vive en la precariedad de un deseo siempre interrogando al otro, a la otra.

6. La fragmentariedad versus la totalidad.
Eugenia Prado ha diseñado un paisaje narrativo que asume la única posibilidad de permanecer : esquivar la totalidad en tanto linealidad discursiva de la escritura. En El cofre observamos la tensión abismal y focalizada de un lenguaje narrativo que apela a una inquietud, a una extra-polación, como si en el vértice entre literatura, lenguaje y escritura hubiese una cercanía que se debe expulsar en cada momento. En aquel vértice enigmático y oscuro, la escritura fragmenta lo real, escritura que se hace eco de una sonoridad poco agenciable a la frecuencia rítmica de una narrativa complaciente. Esta escritura deja la grandilocuencia y la literariedad como recurso, para situarse en el borde del borde, preguntando al lector-militante sobre las trampas de las convenciones tanto sexuales como genéricas. La totalidad es disuelta en El Cofre como una política de resistencias, como un simulacro a la hora de institucionalizar una forma de escritura.

7. La grafía como huella. El diseño como señuelo.
La escritura, pensada como signo, vuelve a re-plantear preguntas clásicas en tanto el montaje de significados y significantes en una trama discursiva. Eugenia Prado no quiere desentenderse de un oficio que guiña a otro, escritura y diseño como un todo fragmentado, diseño y polifonía en el paisaje visual que la escritora manipula junto a un colaborador del libro, el artista plástico Eugenio Dittborn. No deja de sorprender que este libro, mutación de su época anterior, deje la piel vieja para re-constituir un nuevo lugar. El Cofre de Eugenia Prado ha sido pensado como objeto y deseo en un mismo vértice, gesto que se evidencia en la factura interdisciplinaria del libro. Sin duda, un nuevo sentido agregado que genera una plusvalía estética, imaginando al libro su legitimidad como objeto, como artefacto, en la medida que juega con la metáfora escénica de un Cofre cerrado y abierto, y que guarda en su interior las cargas significantes que lo constituyen.

8. La disidencia como señaletica de una zona.
Eugenia Prado es una escritora que ha generado complicidades escriturales con otros lugares, es así que, en la distancia y cercanía de la escritura de Diamela Eltit, dialoga con imaginarios que, entre sus líneas o estrategias, se desplazan por una interrogación al canon, a la disolución de lo masculino y femenino como representaciones simbólicas y materiales de un orden cultural, partes integrantes de la aguda estrategia escritural de Diamela Eltit. En otro sentido, se podría relacionar los imaginarios de Lóbulo, Cierta Femenina Oscuridad y El Cofre, con las genealogías narrativas dejadas por María Luisa Bombal o Marta Brunet, cuyas escrituras re-situaron el imaginario representacional de las mujeres, para hacer guiños y generar sutiles sospechas, instalando subjetividades que emergían entre-líneas por las tradiciones literarias.

9. La fragilidad perversa versus el sujeto histórico de los ochenta: los indicios y rastros de una escritura tránsfuga.
Finalmente, el gesto de re-edición de este libro inaugural de la escritura de Eugenia Prado es, también, una re-constitución de lugar y una necesaria valoración de una escritura que, obviando los lineamientos generacionales y recursos estilísticos de moda, ha generado una sugerente zona imaginaria que desafía al orden simbólico, al logos masculino. El Cofre no sólo inaugura en la escritura de Prado su propio pulso narrativo, sino también deja huellas de un recurso y una política disidente, en una época (años 80) donde se privilegiaba, en el escenario global, la subordinación de la escritura al proyecto social de transformación histórica. Prado en su molestia, gestionaba su mayor logro: responder a la época con un plan narrativo que instalara la incomodidad del lenguaje frente a aquella representación político-militante y a su orden simbólico masculino. El Cofre de Eugenia Prado pertenece a la historia disidente de las escrituras chilenas y latinoamericanas, ya que generó un campo de disolvencias que, junto a otras escrituras bastardas y minoritarias, apelaron a una nueva re-significación de las escrituras como cuerpos políticos interrogando a la centralidad del poder.

Feliz Cumpleaños querido amigo






feliz cumpleaños
a mi querido amigo,
guapo
de tantos años y tantos cariños





un abrazo grande
eugenia prado

El Periodista